FLAVIA RADRIGÁN

Actualizado: jul 28

Entrevista por Mauricio Fuentes, para Interdram.

17 de julio de 2020.

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“Cuando la palabra marca ciertas necesidades debe estar confrontado con el espacio, para mí ese es un choque necesario, quebrar el espacio a gritos corporales. Eso me ayuda a salir del código uterino e íntimo para poder llegar a la universalidad que necesito”.




Flavia Radrigán.



A Flavia Radrigán la conocí hace más de quince años, cuando éramos parte de ADN (Asociación de Dramaturgos Nacionales) y también gracias a su padre Juan Radrigán. Yo en esa época tenía un programa en Radio Tierra, llamado Revolviendo el gallinero, que trataba sobre artes escénicas y cine. Padre e hija fueron invitados, por separado. El día que fui visitado por Flavia, conversamos en una muy cálida atmósfera, al ritmo de temas de Cole Porter y Jacques Brel. Con Flavia la conversación fluye muy fácilmente, porque cuando la escucho hablar, es como si estuviera conversando con algún familiar paterno. Hace poco tuvimos nuestra charla por internet y, mágicamente, a pesar de la distancia y el medio tecnológico, partimos conversando de teatro hasta terminar hablando de cualquier cosa (siempre relevante). No solo la oralidad me acerca a Flavia, también su discurso y conciencia social.

¿Qué te motivó a hacer una versión de El rey Lear (King Lear), de William Shakespeare? ¿Qué temas de la obra original aparecen, se transformaron o difieren en tu propuesta personal: Lear, el rey y su doble?


La escribí porque me pidieron una adaptación de la obra, por diversos motivos el proyecto no llego a puerto y me quedé con un material, que a mi parecer era sustentable y seguí trabajándolo. Mi empecinamiento en terminarlo surge de las conversaciones con mi padre cuando este estaba escribiendo La Tempestad y debatíamos sobre las obras de Shakespeare.

La obra la construí sobre la base de El rey Lear y su obsesión por quebrantar el destino. Por subvertir los fantasmas del abandono y sus contradicciones frente al hombre y el poder.

La obra, ambientada en el ahora, nos muestra a un viejo patriarca decidido a dividir su herencia entre sus hijas a cambio de escuchar admiración y afecto, así el omnipotente monarca somete a prueba el amor. Es entonces cuando Cordelia, su hija menor, disgustada por la desfachatez de sus hermanas lo enfrenta a la verdad de su relación. Ellos siempre se han amado. Lear posee a su hija, son amantes.

La obra se articula en torno a la premisa de poder y aniquilamiento de la paternidad. El odio entre padres e hijos. Lear nos muestra el incansable anhelo de descanso versus la constante lucha por permanecer, por no envejecer, por no dejar el dominio. Él es dueño de todo y de todos.

Lear, Cordelia y su Bufón nos evidencian que han sido atropellados por el sentimiento y lo único que les queda es una última batalla filial, donde llevarán hasta el delirio su particular manera de construir una familia.

La obra culmina con el eterno retorno de quien somos y nunca dejaremos de ser, metaforizando el estado de la sociedad contemporánea que no puede salir de un pasado traumático mientras éste no haya sido sanado.






Cuando, hace mas de diez años, te entrevisté para la Radio Tierra, en el programa que conducía y producía, Revolviendo el Gallinero, recuerdo que conversamos sobre la novela epistolar, Las Relaciones Peligrosas, de Pierre Choderlos de Laclos, y, en particular, sobre el personaje de la Marquesa de Merteuil. En esa oportunidad, mencionaste que considerabas a esa mujer como una adelantada a su tiempo, porque era dueña de su cuerpo y sexualidad y, de alguna manera, desafiaba a la sociedad hipócrita y puritana de su época. En esos años, tú ya tenías una postura bien definida sobre el tema de género. Hoy, el feminismo ha aparecido con más fuerza y el discurso ha sido enarbolado por nuevas generaciones, con diversos y renovados enfoques. ¿Ha evolucionado tu postura feminista desde esa época? ¿Aparece este pensamiento en tus textos?


Sí, efectivamente hay una evolución y he tratado de conducirla no solo a mi vida sino también en los textos. Chile está en su mejor momento, las mujeres que hacen teatro desde todas sus aristas han instalado temas de poder, reconocimiento y género de una forma brillante, nadie puede hacer vista gorda de todas las formas de abuso por las que han pasado miles de mujeres. El teatro hecho por mujeres logró sacar de la cosificación y de los estereotipos a la mujer.

La palabra tiene función social, ¿cómo no podríamos confrontarnos con la situación de la mujer en Chile y el mundo? El teatro de mujeres dialoga desde la necesidad de decir que el patriarcado siempre ha sido un sistema de explotación perfecto y perverso. Un sistema que por milenios ha quedado impune. Manadas que cometen tremendas barbaridades. El teatro combate desde ese lugar, evidenciándolo con un punto de vista, con textos y montajes que tienen sustento, vida y un planteamiento político-social sostenible a través del tiempo. Y espero seguir aportando, creo que mis personajes mujeres preguntan lo que deben, lo que es necesario saber, y me siento muy contenta con eso.

Para terminar, solo quisiera decir que bellos recuerdos esos de la Radio Tierra, creo que hay que seguir revolviendo el gallinero.





En tu obra El descanso de las velas, muestras a cuatro personajes dañados: dos hombres y dos mujeres. Todos tienen un origen social en común. Aparece una tensión entre lo privado o íntimo y el lugar social que habitan y que, eventualmente, los determina. Este último aspecto puede leerse como la causante de esos daños que impiden a los personajes completarse, comunicarse y entregarse el amor que creen tener el uno por el otro. Sin embargo, la historia termina por enfocarse más en las subjetividades particulares de cada personaje y las relaciones entre ellos. ¿Cómo definirías esta obra? ¿Es una obra que transita desde lo social hacia lo íntimo?

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La obra fue escrita el 2012, y el motivo para escribirla fue la desazón, quizás la angustia que sentía al ver como, después de tantos años, se seguía pidiendo reparación y verdad a hechos que jamás tendrán justicia. Y este ruego canalizado en encender velas. Miles de velas como almas en pena que se extinguían como los familiares y amigos en el recuerdo de los que no volverán.

Cada vez que presencio una velatón me conmuevo profundamente y al mismo tiempo, siento el impulso de apagarlas y gritar que la acción debe cambiar, las velas no devolverán a nadie ni provocarán un milagro. Por eso la obra se llama así “El descanso de las velas.”

Creo que la obra calza muy bien en esa fisura permanente del Chile sustentado en daños colaterales. El Chile fracturado no ha cambiado, lo evidencia la fragilidad y derrumbe de las instituciones modernas, como la familia, y el incumplimiento de los roles del estado han dejado efectos catastróficos en los hijos de este país. Es como vivir en un molde de hierro que no permite despolarizar.

Por eso la obra trabaja la interioridad de los conflictos, la incoherencia de los recuerdos versus el pensamiento racionalista, lo ilógico de los recuerdos frente al desastre en el presente.



EL DESCANSO DE LAS VELAS, estrenada en la sala Teatro Finisterrae. Dirección: Mariana Muñoz. Elenco: Ema Pinto, Claudia Cabezas, Mario Avillo, Tito Bustamante.



La última vez que conversamos, te mencioné que cuando te escuchaba hablar, recordaba a mujeres que son parte de mi familia paterna. Descubría cierta familiaridad en tu oralidad. Es evidente que en Chile tenemos una manera típica de hablar, que varía en alguna medida, por causas geográficas, como también, por el entorno social al que perteneces. El teatro se nutre, sin duda, de la oralidad, o es, en definitiva, pura oralidad. ¿Crees que tu dramaturgia rescata cierta oralidad chilena? ¿Consideras que es “un deber” rescatar siempre la oralidad propia de tu entorno o puedes incursionar en otras oralidades, para ampliar el espectro de tu dramaturgia?


Es reconfortante escuchar que mi hablar recuerda esas mujeres que son parte de mi familia. Siempre he luchado contra el olvido y cambiar el lenguaje es un poco eso, creo que trato de conservarlo porque nací con él, está dentro de las paredes donde vivo, incluso le enseñé a mis hijos ciertos parafraseos de antiguos vecinos y familiares que nos acompañan hasta hoy. El lenguaje muta inevitablemente y en la dramaturgia se explora y se busca la manera de que ese lenguaje signifique, no solo por el peso de su contenido sino por los ecos de su historia. Mis obras deambulan en esa mezcla del no olvido y búsqueda actual que me acomoda mucho. Imagínate, mis tías vivían al lado de la Vega Central y, cuando íbamos a comprar la infinidad de tonos, palabras entrecortadas, modismos y gruñidos hacían parte de una generación que lo único que buscaba era que los dejaran vivir en paz. Así que sí, la dramaturgia rescata oralidades y me da espacio para ampliar mi espectro.





Hoy, la mayor parte del mundo está en estado de confinamiento, lo que provoca ciertas limitantes para los cuerpos, tanto para expresarse, como para moverse.

En algunas de tus obras aparece la relación directa entre el paso del tiempo y los cuerpos (Lear), como, también, la relación entre los cuerpos y los espacios que habitan (El descanso de las velas). El paso del tiempo no lo podemos detener, y, en algunos casos, los espacios que se habitan son impuestos por la sociedad y las circunstancias dadas. ¿Qué significan estas dos variables para ti, a la hora de encontrar un conflicto o tensión dramática en los personajes o en el relato de tu obra?


Es muy importante la corporalidad, el cuerpo habla, el cuerpo calla, el cuerpo esclavo… En las obras traté de abarcar lo que hoy se denomina la Kinepolítica, es decir supeditar al cuerpo al estado de normalización, supeditar el movimiento a lo correcto dentro de espacios y objetos cotidianos, por ejemplo, sentarse en una silla, no en el suelo, comer en la mesa no donde quieras, caminar en dos pies, no poder trasladarte como se te antoja, lo obvio, lo implantado. Trato en los textos de confrontar los espacios cerrados con la necesidad de libertad de nuestro “campo de batalla” como muy bien se le llama al cuerpo dentro de las miradas feministas. Cuando la palabra marca ciertas necesidades debe estar confrontado con el espacio, para mí ese es un choque necesario, quebrar el espacio a gritos corporales. Eso me ayuda a salir del código uterino e íntimo para poder llegar a la universalidad que necesito.





Tu obra De las Historias Privadas de Dios, está puesta en el contexto del último cambio de siglo. Los personajes están atrapados en el pasado y existe, en dos de ellos, el intento por dejar ese pasado atrás, liberarse. Aparece, también, una tensión entre la realidad objetiva y la realidad que los humanos podemos crear en nuestras mentes, para hacer más llevadera nuestra vida. ¿Qué intentaste expresar con ese hecho histórico real y con la historia ficcional de estos personajes, marcados por la muerte y ausencia de un padre?


La obra se ambienta en la noche de año nuevo del año 2000, madre e hija se preparan para lo que creen será un milagro, una nueva era, una nueva forma de vida. La madre vive apegada al amor que un día la unió a Alberto Cabrera Muñoz quien, a sus 22 años, fuera el último fusilado y descuartizado en el año 1955. La madre sola y embarazada, cría a su hija como si el padre siguiera con ellas, alterando el tiempo y los hechos. La hija ya mayor, espera la noche del nuevo siglo para ordenar la historia.

Con este texto quise ahondar en esas tías y amigas de la familia que eran las Penélopes de la época. Las mujeres que no tenían conexión política alguna y habían sido abandonadas en pleno apogeo de su amor. Cuando las escuchaba sentía que tenían una onda necesidad de justificación y debían agarrarse de su magra imaginación para sostener ese amor que no volvería, que las había dejado por cualquier excusa, incluso por haber quedado embarazadas antes de tiempo. Todos esos hijos debieron escuchar historias de padres que no conocieron, incluso algunos soportar el odio y el rechazo familiar por causa del abandonador.

Mientras escribía, llego a mis manos una noticia del último fusilado en el antiguo código penal y me impactó su historia porque conocía el barrio, las calles y el Matadero donde el Criollito se iba a cantar tangos. En esa historia había una mujer que había quedado embarazada muy joven y quedó solo con la promesa de matrimonio en su corazón. Me pregunté si esa mujer le diría a su hija/o si su padre fue un asesino. De ahí surge la historia, de esos antiguos códigos de buen vivir junto a una familia modelo mientras la historia se caía a pedazos y la próxima generación debía, por salvación propia, tratar de revertir el daño.



DE LAS HISTORIAS PRIVADAS DE DIOS, estrenada en la sala Patricio Bunster. Dirección: Aldo Droguett. Elenco: Carmen Disa Gutierres, Pedro Vicuña, Marcela Solervicens.




LEER EXTRACTO DE "LEAR, EL REY Y SU DOBLE".

Las entrevistas de Interdram 2020, cuentan con el apoyo de Fondart Nacional, línea Difusión, convocatoria 2020. Ministerio de las Artes, las Culturas y el Patrimonio. Chile.

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